Por Alfred Roller

 

UN SER DIGNO DE ADMIRACIÓN, obstinadamente íntegro, con la mirada fija en lo alto, inmerso en el estremecimiento de los que hablan con Dios cara a cara, así ha pasado Mahler por nuestra vida.

Aquí no vamos a hablar del creador, ni del intérprete de las obras de otros compositores, vamos a hablar del Mahler preocupado por la realización escénica de obras musicales en las cuales deja impresa, dentro de las cuestionables creaciones de nuestro actual teatro, su impronta artística, adaptando su trabajo a las exigencias de la época, trabajo del que nunca se ocupaba personalmente ya que el lenguaje técnico le era en parte desconocido; él indicaba la meta pero no el camino.

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