AGON Grupo de Estudios Nietzscheanos de Barcelona, 2000.
La Revolución
Por Isaac Rubio Ferré

 

Ja, wir erkennen es, die alte Welt, sie geht in Trümmer,

eine neue wird aus ihr erstehen

Die Revolution, 1849

(Sí, lo admitimos, el viejo mundo se viene abajo,

uno nuevo surgirá

La Revolución, 1849)

ÍNDICE

Introducción

Acotación del problema

La Revolución

El triunfo del capitalismo

Alles was ist, -endet!

El proletariado o la estirpe resentida

Bibliografía

 

Introducción 

El objetivo de este ejercicio consiste en analizar algunos de los elementos románticos que aparecen en varios artículos, la mayoría de corte político, que Wagner publicó en gran parte durante los meses que precedieron los levantamiento populares de Dresde en mayo de 1849. 

La primera parte del trabajo, que sigue a una breve acotación del problema al que la obra de Wagner pretende responder, gira fundamentalmente entorno al comentario y análisis de dos textos:Die Revolution (La revolución) y Der Mensch und die bestehende Gesellchaft (El hombre y la sociedad establecida). Aquí extraigo los elementos que configuran elataque radical de Wagner a la sociedad de su tiempo y la afirmación incondicional de una época nueva que ya ve despuntar en los levantamientos populares de mediados de siglo XIX. En este apartado dedico también una especial atención al concepto de libertad que manitiene Wagner. Su análisis deberá mostrarnos en qué puntos coincide y en qué otros se distancia de la noción de libertad natural desarrollada por Rousseau en Sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres.

Los elementos teóricos implícitos en esos dos artículos sirven como clave interpretativa para comprender el significado del Rheingold, el primer drama musical del Anillo de los Nibelungos. Desde nuestro enfoque, através de las figuras de Alberich, Minne, el Oro... , Wagner reelabora en clave mitológica los motivos revolucionarios de los que se había servido para su crítica radical de la sociedad en los artículos que escribió durante su periodo de Dresde. Esto constituye el contenido del segundo apartado.

La última parte del trabajo tiene como objetivo realizar una revisión de lo expuesto con anterioridad pero desde una perspectiva que echa una luz nueva a la participación de Wagner en la sublevación popular de Dresde.

Lo que he encontrado más interesante de estos escritos es, por un lado, su concepción trágica de la naturaleza, que anticipa, y no en poco, el giro vitalista que dará Nietzsche al pesimismo schopenhaueriano, y por otro, el juicio que le merece el proletariado. Aunque en sus escritos de Dresde parezca sumarse con desbordado entusiasmo a la causa obrera, Wagner, a través del nibelungoMinne en El Oro del Rin, nos presenta esta clase como una estirpe despreciable de resentidos. 


A pesar de no abordar la parte que, a mi juicio, es más polémica e interesante de nuestro autor, a saber: la implicación política de su proyecto artístico, concebido como instrumento para regenerar el espíritu del pueblo alemán – y que podría interpretarse como una concreción del proyecto educativo que Fichte presentaen sus Discursos a la nación alemana – las líneas que siguen representan una aproximación a algunos de los temas centrales que se mantendrán constantes en el pensamiento wagneriano,y ofrecen una base a una ulterior profundación en el análisis de la sugerente concepción del mundo de este genial artista. 
  
 

Acotación del Problema 

Los planteamientos teóricos de Wagner parten siempre de la conciencia de una profunda crisis cultural que traviesa todos los ámbitos de la sociedad y que tiene una clara manifestación tanto en la esfera político-institucional como en el campo del arte.

Esta crisis nos es presentada ya en su escrito del 1834 que lleva por título La Ópera alemana[i] como una enajenación, un género de desajustamiento entre lo que podríamos llamar la vida y el espíritu. La causa de esta ruptura se halla en la pretensión de comprender la realidad y regir la vida de los hombres mediante unas formas que han quedado ya obsoletas y periclitadas. Wagner asimila estas formas obsoletas, que oprimen y no permiten expresar la verdadera naturaleza del pueblo, al movimiento ilustrado. La misma idea será expresada en su escrito posterior El Arte del Futuro. Entorno al principio del comunismo cuando refiriéndose a las conciencias ilustradas les reprocha que su inteligencia es falsa y arbitraria en tanto no responde a la percepción de lo devenido, por maduración, fenómeno sensorial.[ii]

En La Ópera alemana es donde Wagner nombra la causa de la corrupción del arte y la sociedad alemanas mediante el término ilustración. En sus escritos posteriores Wagner dejará de usar esta palabra, y se referirá al enemigo mediante diversos términos. No obstante, los ataques que Wagner lanza contra la Ilustración en este escrito del 1834 son fácilmente proyectables a los que posteriormente lanzará contra lo que llamará la sociedad establecida, la inteligencia anticuada, la burocracia...

La Ilustración aquí nos es presentada como un abuso y un exceso[iii] causante, ya no tan sólo de la precaria situación de la ópera alemana, debido a su falta de sensibilidad para captar la voz del pueblo y crear un acción dramática, sino también como la causante de todos los males de Alemania[iv]. No obstante, según lo que él mismo expone en este breve ensayo, el mal no está tanto en las ideas que afirma el pensamiento ilustrado, sino en la pretensión de ser ilustrado cuando en realidad se es otra cosa distinta. Esto lo ilustra Wagner cuando equipara las figuras de Bach o Mozart con la de Beethoven. Tanto los primeros, a los que considera autores verdaderamente ilustrados, como el segundo, claro exponente del romanticismo musical, han sido capaces de expresar lo grandioso. Y esto es así, principalmente, por su honestidad, porque cada uno de ellos ha dado expresión artística a la naturaleza tal como la sentía. No ocurre lo mismo, no obstante, con aquellos artístas contemporáneos que se afanan en demostrar ser ilustrados cuando en el fondo se mueven y aprehenden el mundo en virtud de una sensibilidad que sólo puede mostrarse mediante unas formas expresivas totalmente nuevas.

        El problema entonces es que la ilustración ya no se muestra eficaz para comprender y dar forma a la realidadde su tiempo, y la pretensión de definirse y regirse según sus formas condena al individuo y a la sociedad a llevar una vida inauténtica.

        Una prueba palpable de que el arte ya no se muestra eficaz a la hora de cumplir con su objetivo, esto es, expresar artísticamente la naturaleza de un pueblo, se muestra en el modo como ese pueblo recibela actual ópera. Ya nadie cree que lo que allí se expresa responda a un convencimiento propio, pero mientras unos, los críticos y los artistas honestos, opinan que esto se debe a una cuestión de mal gusto y de frivolidad por parte de los compositores[v], Wagner ve el origen del problema en una causa mucho más honda que exige una reformulación total de los fundamentos teóricos en los que se basa la ópera y el arte en general[vi].

Una vez hecho el diagnóstico no parece muy difícil adivinar la terápia que propondrá Wagner para vencer la enfermedad de su tiempo. La única via de salida que se le presenta a Wagner es la deerradicar todo aquello que es y ha sido fruto del movimiento ilustrado. En su escrito de 1834 esta exigencia se encuadra fundamentalmente dentro del campo del arte mediante la exhortación adevenir seres humanos y a desacerse de una vergüenza – esto es, la pretensión de seguir siendo ilustrado en contra de lo que dicta la propia naturaleza – que desde largo tiempo tiene presas nuestra música y, en especial, nuestra música operística[vii]. Quince años más tarde, en pleno periodo revolucionario, Wagner expresará la misma exigencia pero desde una perspectiva muchísimo más amplia que insta a reconocer y adherirse a la fatalidad de la naturaleza, y que en esos momentos empujaba a una acción política revolucionaria dirigida contra todo orden social establecido.

La Revolución 

Este bloque del trabajo girará entorno al análisis y el comentario de dos textos que Wagner escribió en Dresde en pleno periodo revolucionario. Der Mensch und die bestehende Gesellschaftvió la luz el 10 de febrero de 1949 y Die Revolution el 8 de abril del mismo año, un mes antes de su precipitada huida de Dresde. Ambos artículos fueron publicados en el periódico Volksblätter de August Röckel, un destacado revolucionario sajón y compañero de Wagner durante los meses previos a la insurrección popular de mayo. Es de suponer que las conversaciones que ambos mantuvieron durante ese tiempo influenciaron, y no en poca medida, en las ideas revolucionarias de las que Wagner hacia alarde ya no tan sólo en sus escritos de la época sino también en los discursos políticos que leyó ante la Vaterslandsverein, y que le empezaron a ocasionar los primeros problemas con la corte sajona. Fue también a través de Röckel que Wagner conoció a Mihail Bakunin, con el que, a pesar de no coincidir completamente con sus ideas políticas, establecería una amigable relación. Es de suponer que la admiración que suscitó en Wagner la figura de Bakunin diera en empuje a los elementos nihilistas de su pensamiento, que podemos ver expresados en los repetidos cantos a la total destrucción del orden social

Encuentro interesante pararnos un momento a analizar los ataques que Wagner lanza a la sociedad de su tiempo en estos dos escritos, pues las ideas que aquí expone de forma algo avasalladora y torpe nos ofrecen una clave interpretativa para comprender el transfondo ideológico y de crítica social que encontramos desarrollado bajo una forma mitológica en el Anillo de los Nibelungos y, de forma especial, en la acción que aparece representada en el primero de sus dramas, el Oro del Rhin, y que mas adelante pasaremos a comentar.

Con toda seguridad, el elemento más característicamente romántico de este escrito del 1849 es su mesianismo. Al igual que en muchos otros autores que vivieron las revueltas del 1848, aquí encontramos la profunda conciencia de estarasistiendoal advenimiento de una nueva era, que deberá venir precedida del derrumbamiento absoluto del antiguo orden. Wagner se suma de forma entusiasta a esta corriente revolucionaria que concibe como momento de un proceso necesario, por lo que en sus escritos de la época junto con una crítica total al orden social presente, al que ya se refiere como viejo mundo, encontramos la afirmación absoluta e incondicional de un mundo nuevo, en el que el hombre finalmente verá satisfechos todos sus anhelos y esperanzas. Dentro de este fatalismo mesiánico la resistencia militar contrarrevolucionaria que mantienen Prúsia y Austria, aparecen a los ojos de Wagner como últimos vestigios de un pasado cuya única efectividad histórica consiste en la preparación del campo de batalla para el combate final, donde deberá tener lugar su derrota definitiva y la victoria del hombre liberado[viii]. El lugar donde de forma más clara y resumida se expresa esta conciencia és en la afirmación que abre el tercer parágrafo del texto: Sí, lo admitimos, el viejo mundo se viene abajo, uno nuevo surgirá[ix].

        Es precisamente en las revueltas populares del 1848, en las que participó activamente, donde Wagner ve la representación del hundimiento definitivo del mundo antiguo y la irrupción de una época más alta y bella, que caracteriza como un tiempo en el que el hombre gozará de una felicidad nunca antes imaginada, en el que finalmente habrá desaparecido de su espíritu el odio, la envidia y la enemistad y, en el que se habrá liberado definitivamente de las cadenas que lo mantenían prisionero.Wagner parece barruntar un mundo en el que el amor vendrá a ejercer su imperio sobre la humanidad, hermandando a los hombres y a las mujeres en una bella y dulce armonía. 

Este es el modo en que Wagner dibuja su particular utopía. Como se puede observar en este escrito no hay nada que se parezca a la propuesta concreta de un orden alternativo al existente. La operación que realiza Wagner en este punto consiste en asumir de algún modo los valores revolucionarios del s. XVIII e imaginar una sociedad en la que los ideales de igualdad, libertad y fraternidad entre los hombres hayan llegado a constituirse como una realidad efectiva que venga a regir la vida de todos los hombres. No obstante, la posición que defiende Wagner en este escrito difiere por completo del planteamiento ilustrado en el modo de concebir la vía que lleva a la realización de esa sociedad ideal. Mientras estos últimos ven en la figura del estado el máximo garante de esos ideales, Wagner considera que sólo mediante la destrucción del aparato estatal - cuyo objetivo fundamental es ofrecer legitimación y cobertura a la existencia de la propiedad privada - y el retorno a una especie de estado natural es posible alcanzar esa situación idílica.

El eminente cambio epocal tal como lo presenta Wagner en la Revolucióno en der Mensch und die bestehende Gesellschaft no parece venir motivado por ningún elemento de carácter social, como es en el caso de la visión marxista, sinó más bien por la acción de un elemento natural. No creo que sea del todo arbitrario el uso que hace Wagner al comienzo de este escrito de la figura de un volcán que amenaza con una eminente y definitiva erupción para describir la situación de europa a mediados del siglo XIX. La destrucción del antiguo orden dentro de la representación wagneriana no viene de manos de ninguna masa social, sino de la misma naturaleza que con paso firme viene a ejecutar inexorablemente su ley eterna[x]

Desde esta óptica revolucionaria de corte marcadamente anarquista Wagner interpretará el conjunto de todos los males de la sociedad industrializada de su tiempo como efectos de la desigualdad social que introduce la aceptación de la propiedad privada. En este punto Wagner hará suyos los argumentos que podemos encontrar desarrollados en el tratado roussoniano Sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres o en los textos de algunos socialistas utópicos franceses, especialmente de Fourier y Proudhom.

En el texto encontramos un inventario de todos estos males sociales que derivan de un orden civil fundamentado en el reconocimiento de la propiedad privada.

Este orden divide la humanidad en pueblos rivales, en poderosos y débiles, en hombres con derechos y en hombres sin derechos, en ricos y pobres...[xi] De este modo introduce el odio, la envidia y la enemistad entre los hombres impidiendo de este modo la igualdad y la fraternidad efectiva entre ellos. Wagner pretende deslegitimar este hecho mediante una ingenua apelación al principio de igualdad entre los hombres, que le lleva a afirmar que lo igual no debe dominar sobre lo igual[xii]y a calificar de locura todo sistema social que tenga como fundamento esa desigualdad.

Otra consecuencia de la actual sociedad industrializada es que separa el disfrute del trabajo, y que convierte a éste en una carga para el hombre. De este modo es eliminado el elemento lúdico y jovial que debería tener el trabajo, en tanto que actividad creativa, en la vida de los hombres. Esta fatal separación acaba condenando al hombre a una vida gris y miserable[xiii].

Este mismo orden es la causa que convierte a millones en esclavos de unos pocos y a estos pocos en esclavos de su propio poder, de su propia riqueza[xiv]. La creencia de que en el viejo mundo hay individuos que ocupan una posición privilegiada con respecto a otros no es más que un engaño. Dentro de las redes que el estado ha tejido sobre la humanidad, el hombre pierde su libertad para pasar a depender de su propia producción. Por lo tanto cualquier actitud que vea en la oposición a los levantamientos del 1848 un modo de defender y conservar un status social que se percibe como privilegiado no es más quefruto de una ilusión. La revolución se presenta como una salvación para el conjunto de todos los hombres, pues ofrece a éste un tesoro muchísimo más grande: la posibilidad de que el hombre goce de su libertad natural y originaria.

        Esta libertad nos es presentada, de nuevo en boca de la Diosa Revolución, como el ejercicio incondicionado de la voluntad que empuja hacia la satisfacción del placer mediante el uso de la fuerza física: 

Que sea la propia voluntad el señor del hombre, el propio placer su única ley, la propia fuerza su propiedad toda, pues lo único sagrado es el hombre libre, y no hay nada más elevado que él[xv]. 

Esta noción de libertad puede asimilarse de algún modo a la situación en la que se encuentra el hombre en estado natural según el Rousseau del tratado sobre la desigualdad. Allí el hombre libre,en estado natural, nos es presentado como una criatura que por sus atributos apenas se distingue de los animales: 

El hombre salvaje, entregado por la naturaleza al solo instinto... comenzará... por las funciones puramente animales: percibir y sentir será su primer estado, que le será común con todos los animales. Querer y no querer, desear y temer serán las primeras y casi únicas operaciones de su alma...[xvi]

Sus deseos no van más allá de sus necesidades físicas.. Escoge o rechaza por instinto

[xviii]La imagen de un estado natural, como situación ideal donde el hombre podria recuperar su libertad perdida, y su oposición a la actual orden civil, origen de todo mal y miseria humana es uno de los leit motivs que encontramos de forma más o menos explícita a lo largo de todos sus ensayos de la época. Hasta lo dicho, este planteamiento parecería abogar poco menos que por la animalización del hombre como único medio por el que le es dado alcanzar la libertad y la satisfacción de todos sus deseos, pero Wagner no se queda aquí. En Der Mensch und die bestehende Gesellschaft, consciente de lo problemático, por no decir absurdo, que resulta de negar la facultad racional del hombre calificará como indigno (Unwürdig) pretender asimilar la naturaleza del hombre racional a la del animal falto de conciencia:

Unwürdig wäre es des vernuftbegabten Mensch, sich gleich dem Thiere, that- und willenlos den Willen zu überlassen. Seine Aufgaben, seine Pflicht erheischt, dass er mit Bewusstsein vollbringe, was die Zeit von ihm fordert[xix].

Lo específico del hombre, y lo que determina su valor y nobleza moral, consiste en cumplir de forma consicente con los objetivos que le impone su tiempo. Su libertad por lo tanto no consiste en un dejarse llevar por los instintos, por aquello que - dicho de modo algo callejero - le dicta el corazón, sino que deriva de la aceptación total y consciente de la necesidad de su destino, que Wagner expresa repetidamente mediante el siguiente imperativo:

    Des Menschen Bestimmung ist: durch die immer höhere Vervollkomnung seiner geistigen, sittlichen und körpelichen Fähigkeiten zu immer höherem, reinerem Glücke zu gelangen.[xx]

Todos los derechos del hombre se resumen en una única fórmula que se define a partir de este deber que acabamos de señalar. Como podemos observar, Wagner mantiene un planteamiento que podríamos calificar de clásico en el modo en que tiene de concebir al hombre y su situación en el cosmos. Lejos de los sistemas éticos de la modernidad que, como en el caso de Kant – y, permítaseme esta vulgar simplificación - ven el fundamento de la moral en un principio de autonomía que se construye en oposición a lo natural y que se fundamenta en un sujeto trascendental que no parece mantener ninguna relación de dependencia con la realidad mundana, el hombre, desde la prespectiva clásica de Wagner, es visto como un momento del cosmos [xxi], cuyo fin último y más elevado consiste en salvar la ruptura que lo mantiene escindido de él y, que propiamente, constituye la fuente de todos sus males. 

Así es como legitima en este escrito del 1849 la necesidad de echar a bajo la sociedad establecida (bestehende Gesellschaft), pues ésta se interpone en el camino hacia la excelencia del hombre como un obstáculo, que únicamente es posible superar mediante su total destrucción. De aquí que Wagner nos presente los levantamientos populares del 1848/49 ya no como una lucha entre dos contingentes que representan intereses sociales opuestos, sino como una lucha entre la humanidad y una entidad abstracta - la sociedad establecida, que, si bien ha sido producida por el mismo hombre, ahora ésta se ha vuelto contra él reprimiendo sus instintos más puros. 

El triunfo del capitalismo 

Todas estas ideas, como ya hemos enunciado anteriormente, aparecen tematizadas en clave mitológica en el primer acto del Oro del Rin. El primer acto se abre con la escenificación de la cosmogonia y la génesis del universo y se cierra mediante el robo del Oro cometido por Alberich. Si hacemos una lectura en clave roussoniana podemos interpretar este acto como la representación del paso del orden natural a la constitución de un estado civil. 

Al inicio, el Oro que yace en las profundidades del Rhin es la fuerza que asegura el equilibrio y la armonia entre todos los elementos que configuran el cosmos. Esta propiedad conciliadora - que se manifiesta como un goce luminoso y un ardiente brillo - lo traviesa todo y alegra los espíritus de quienes lo contemplan haciéndolos jugar, danzar y cantar[xxii]. El Oro vendría a representar lo absoluto, el poder eterno e ilimitado de la naturaleza. Este es un poder cualitativamente superior a cualquier otro poder que pueda darse en el universo, incluso el de Wotan, el dios supremo, pues éste no deriva de la naturaleza sino de una convención, de la aceptación de unos pactos. Así se lo recuerda el gigante Fasolt a Wotan cuando ante la resistencia de éste a entregarle el pago acordado por la construcción del Walhal - el fastuoso palacio que debería servir de morada para los dioses -, le espeta: 

¡Mantén fidelidad a los pactos! / Lo que eres, /lo eres sólo por pactos;//[xxiii]

Debido al inmenso poder que encierra, El Oro se encuentra protegido bajo una ley inexpugnable, que fija que sólo aquel que renuncia al amor (Liebe) podrá hacerse con el poder del Oro y ejercer un dominio absoluto sobre todo el universo.

En este punto encontramos uno de los motivos que con más insistencia aparecen repetidos en la obra wagneriana y que constituye a la par uno de los temas más típicamente característicos del romanticismo. La idea de la imposibilidad de renunciar al amor parece derivar de los planteamientos que Platón expone en el Banquete. Allí se afirma que el amor es un elemento consubstancial a todo ser limitado. Todo ser limitadopor naturaleza busca siempre aquello que lo complete, que lo constituya como una unidad acabada, perfecta. Él amor es la única facultad que permite al ser limitado unirse con el ser amado y elevarse así a un estado de perfección superior, en el que que su identidad y sus límites habrán desaparecido definitivamente para consituir un ser distinto, surgido de la fusión de los amantes.

Es precisamente por este motivo que la renuncia del amor de Alberich es interpretada desde un punto de vista trágico como un acto de hybris, de desmesura, por el cual transgrede una de las leyes del cosmos, rompiendo de este modo el orden que mantenia el equilibrio y la armonia entre sus partes.

Desde lo que nos confiesa Minne en el tercer Acto del Oro del Rin el robo de Alberich marca el final de una tradición de producción artesanal y el inicio de la revolución industrial y la aparición del capitalismo.

        Otrora forjábamos contentos/ adornos para nuestras mujeres,/ deliciosas joyas,/ lindas baratijas de los nibelungos;/ alegres nos reíamos del esfuerzo... / Ahora el malvado nos obliga/ a deslizarnos en los abismos,/ a trabajar siempre/ para él solo. /Mediante el oro del anillo/ su codicia descubre/ dónde se ocultan nuevos / filones en las minas:/ allí tenemos que buscar,/ rastrear y cavar,/ fundir el botín/ y forjar el metal,/ para, sin descanso ni reposo,/ acumularle al señor el tesoro[xxiv]

Antes el Oro era el material que los nibelungos trabajaban artesanalmente para hacer ornamentos y joyas para sus mujeres, tenía un valor de uso, y los nibelungos disfrutaban con su trabajo. Ahora tenemos trabajadores a sueldo esclavizados por el primer burgués de la historia (Alberich) que va aumentando y concentrando el capital extraído del trabajo de los nibelungos. La figura del Nibelheim le viene muy bien a Wagner para situar la aparición de la revolución industrial. En la mitología germánica los nibelungos eran los enanos que vivían bajo tierra y trabajaban los metales. Wagner recrea musicalmente este ambiente industrial al inicio del tercer acto – cuya acción tiene lugar en el Nibelheim - mediante unos motivos que evocan el ruido de las fraguas. Precisamente fue en el ámbito de la metalurgia y la siderurgia, en manos de la família Krumer, donde tuvo origen la revolución industrial en Alemania; y muy probablemente tuviera en mente a los Krumer y a todo su imperio industrial a la hora de inspirarse para crear el reino subterráneo del Nibelheim junto a la raza de enanos que lo habitan. No es necesario señalar eldesprecio implícito en el uso de estas figuras para referirse tanto al rico burgués como al sufrido proletario. 

        El poder que ejerce Alberich sobre los demás adquiere un matiz más inquietante y tenebroso con la adquisición del Tarnhelm. La propiedad del Tarnhelm consiste en hacer invisible a aquel que lo lleva puesto. De este modo Alberich, que obtiene el yelmo gracias al trabajo de Minne, ejerce un control mucho más intenso y sutil sobre los nibelungos al psicologizar su poder en el miedo de estos ultimos que no pueden saber cuando estan siendo observados por su enemigo.

        En el interior de este orden social el valor del hombre pasa a ser tasado en relación al valor de su trabajo, que se compra y vende como una mercancía. El hombre queda de este modo alienado y objetivizado en un precio. Esta enajenación convertirá a la propiedad privada , que es el aspecto en el que se manifiesta el oro extraído de su contexto originario, en un elemento esencialmente consitutivo y definitorio del hombre. Así se expresa en boca de Alberich: 

        ¡Cabeza y manos,/ ojos y orejas/ no son propiedad mía más/ que este rojo anillo![xxv]

Alles was ist, - endet! 

El 21 de junio de 1848 Eduard Devrient - uno de los amigos más cercanos de Wagner durante los últimos meses de Dresden, que debería interceder no pocas veces en las continuas crisis de su matrimonio con Minna - viendo la inutilidad de sus esfuerzos por moderar la actitud de Wagner que amenazaba con ganarse la enemistad de la corte sajona, escribe resignado en su diario: Quiere destruir para edificar de nuevo[xxvi]. Este breve apunte ilustra otro de los aspectos centrales de su personalidad que tiene un reflejo inequívoco en su obra teórica a través de la afirmación absoluta e incondicional de la vida.

En su escrito La Revolución Wagner nos presenta la vida bajo el nombre de la Diosa Revolución caracterizándola a la par como la eternamente destructora y la eternamente rejuvenecedora. El modo en que dibuja la imagen de esta diosa denota una evidente fascinación por lo bélico. Esta Diosa es entendida como un proceso cósmico e inexorable cuyo avance se realiza de modo revolucionario, mediante la destrucción del orden obsoleto para dar lugar a la irrupción de lo nuevo en el mundo. Este devenir no persigue la consecución de ningún fin en concreto, no encuentra apoyo en ninguna entidad trascendental, sino que se justifica por sí mismo, en tanto que proceso creador que posibilita y celebra el advenimiento de lo nuevo, imponiéndose de este modo como principio último de toda legalidad.

La Diosa Revolución corresponde a la figura de Erda - la madre de todos los dioses y el fundamento último de toda legalidad – del Anillo de los Nibelungos. Allí, el contenido de la inexorabilidad de la acción de la Diosa es expresado en el secreto que confiesa a su hijo Wotan: Todo lo que es..., acaba![xxvii]. Este mismo pensamiento lo presenta Wagner algunos años antes en boca de la Diosa Revolución cuando exclama: 

Todo lo existe tiene que desaparecer; esta es la eterna ley de la naturaleza, ésta es la condición de la vida, y yo, la eternamente destructora, llevo a cabo la ley y creo la vida eternamente joven[xxviii]

Difícilmente podría haber surgido un pensamiento de este tipo en el marco de una cultura de carácter meridional. Se adivina en su fondo un fuerte protestantismo. Esta absoluta desvalorización de la obra humana, cuya nota característica es la caducidad y su destino la total desaparición, encuentra su correlato teológico en la afirmación del principio de la nulidad de la obra humana. Este principio afirma que la caída del hombre ha traído consigo una irreparable corrupción en su naturaleza. El hombre, por lo tanto, es en esencia pecador y toda obra que produce no es más que un fruto que ya desde su inicio lleva en su interior el gérmen del pecado yla corrupción. Arrojado en el mundo y sin la capacidad de colaborar en su salvación, el hombre se encuentra bajo el gobierno de una fuerza que lo sobrepasa por completo y que no le es posible comprender. Con este apunte lo único que pretendo señalar es que el naturalismo wagneriano, a pesar de presentarse como una cosmovisión opuesta al cristianismo[xxix], está lleno de matices propios de un espiritu protestante.

Estos elementos que acabamos de señalar nos permiten adivinar el entusiasmo con el que Wagner acogerá la filosofía de Schopenhauer algunos años más tarde durante su exilio en Zurich. No resulta muy difícil establecer una analogía entre la noción de vida en Wagner y el concepto de voluntad schopenhaueriano, como una fuerza ciega e inexorable cuyas acciones no tienen significado alguno, pues no refieren a ningún fin. No obstante, lo curioso está en que la asumción de una metafísica que podríamos calificar de nihilista, tiene como efecto dos praxis totalmente distintas: Mientras en Schopenhauer se busca la eliminación de todo deseo, por ser considerado absurdo y fuente de todo sufrimiento, mediante un ascetismo que busca alcanzar un estado similar al del nirvana, en Wagner, por el contrario,la eliminación del deseo se alcanza por la vía de su satisfacción, lo que le lleva a adherirse por completo a la vida - que se expresa en el individuo a través de sus instintos - y a asumir todo su juego de contradiciones. 
 

El proletar iado o la estirpe resentida 

Desde este nuevo enfoque, la participación de Wagner en los levantamientos populares de Dresde cobra un significado nuevo. De hecho, su adhesión a los movimientos revolucionarios de 1849 parece obedecer más al placer estético que le produce observar la irrupción de las fuerzas populares amenazando echar abajo el poder institucional, que no al convencimiento de ninguna ideología política. No hay en Wagner, a mi modo de ver, ninguna preocupación sincera por la cuestión obrera. El juicio positivo que le merecen las ideas revolucionarias de inspiración socialista que defiende en sus escritos de mediados de siglo se debe, no a que reconozca en ellas la expresión de unos principios justos, sino a que en ellas ve un potente y eficaz instrumento de agitación popular. Si bien es cierto que Wagner no sentía ninguna simpatía por los valores que defiendía la clase acomodada de su tiempo - al menos así lo reflejan sus escritos – aún mucho menos respeto le merecían las clases más desfavorecidas de la sociedad.

El tono paternalista y compasivo con el que se dirige al proletariado en su escrito la Revolución ya debería darnos una pista del valor que esta clase social merece a un personaje que antepone los valores viríles a cualquier otro tipo de consideraciones.Donde, a mi modo de ver, expresa con más claridad el modo en que se representa el proletariado es en el tercer Acto del Oro del Rhin a través de la figura de Minne que, en las descripciones del trabajo que realiza, en sus lamentos y en la confesión de sus aspiraciones, difícilmente podemos dejar de ver representado la figura de un obrero de la cuenca del Ruhr. En Minne vemos reflejada la misma mezquindad que le reprocha a Alberich, cuando afirma que quisiera librarse del poder que éste ejerce sobre él para poder invertir la relación de subordinación[xxx]. En los nibelungos – téngase aquí presente tanto a los proletarios como a los burgueses - se nos presenta una raza de resentidos. Alberich, renuncia y maldice el amor, lo más preciado por todos los seres, para idolatrar el placer(Lust) y el poder que le otorga el Oro. Por otra parte es la envidia y la codicia la que que lleva a Minne a reprochar la violencia que Alberich ejerce sobre ély a lamentarse de la pérdida del antiguo orden social, pues como él mismo confiesasu deseo no consiste tanto en conseguir una serie de reformas sociales que pudiesen restaurar la armonia de antaño sino que aspira a hacerse con el poder del anillo para poder someter a Alberich bajo su voluntad y dominio. Esta ambición es la que le lleva a forjar el Tarnhelm y la que, al ser sorprendido por Alberich, lo condena finalmente a una situación aun más miserable.

Según lo dicho, y a diferencia de lo que proclamaba el marxismo, para Wagner el proletariado no es portador de ninguna fuerza redentora. No hay en Minne ninguna voluntad explícita de afirmar un orden alternativo. Yaunque ciertamente se refiere con nostalgia a los tiempos en que trabajaba alegremente como artesano, el verdadero deseo que lo mueve a la acción no es el de promover un retorno a ese estado pre-industrial sino el de ocupar el lugar privilegiado de su explotador para poder gozar de su inmenso poder.

 

Bibliografía 

Obras del autor

-R.Wagner, La ópera alemana, 1934 ; en ‘Escritos y confesiones’, Ed. Labor, Barcelona 1975 

-R. Wagner, El arte del futuro. Entorno al principio del comunismo, 1949; ed. cit.

-R. Wagner, Introducción a Opera y drama, ed. cit. 

-R. Wagner, La Revolución, ed. cit.

R.Wagner, Der Mensch und die bestehende Gesellschaft,

http://users.utu.fi/hansalmi/texts/beste.html

R. Wagner, Die Revolution, 

http://users.utu.fi/hansalmi/texts/revoluti.html

-R. Wagner, El Oro del Rin, Turner Música, Madrid 1986

-R. Wagner, Òpera i Drama, Institut del Teatre. Diputació de Barcelona, Barcelona1995 

Biografías:

-Martin Gregor Dellin, Richard Wagner, Alianza Editorial, Madrid 1983 

-Ernest Newman, Wagner. El hombre y el artista, Taurus, Madrid 1982 
 

Otros

-J.J.Rousseau, Sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres, Alianza editorial, Madrid 1992

NOTAS

[i] R. Wagner, La ópera alemana, 1934 ; en ‘Escritos y confesiones’, Ed. Labor, Barcelona 1975págs, 55-59

[ii] R. Wagner, El arte del futuro. Entorno al principio del comunismo, 1949; ed. cit., pág 121

[iii] R. Wagner, La Ópera alemana, 1934; ed. cit., pág 56

[iv]Wagner nos expresa esta idea mediante la siguiente lamentación ¡Oh, desdichada ilustración, fuente de todos los males de Alemania!; Ibíd., pág 57

[v] Richard Wagner, Introducción a Opera y drama, ed. cit. pág 133

[vi] Esta idea, señalada ya en su escrito del 34 encontrará su articulación definitiva 17 años más tarde en su obra Ópera y Drama, en la que Wagner sienta las bases teóricas y expone su proyecto de laGesamtkunstwerk

[vii] Richard Wagner, Ópera alemana, ed. cit.: pág 58

[viii] La idea de que la resistencia de Prusia y Austria no podrá frenar el moviento revolucionario, pues éste es quien cumple con el mandato de la época (Gebote der Zeit) y es reflejo, por lo tanto, del necesario devenir histórico está contenida en el siguiente pasaje: Jene Kämpfe, der Überrest einer vergangenen Zeit, wie wir sie in Österreich, in Preussen, zum Theile auch übrigen Deutschland sehen, sie können uns nicht täuschen, sie dienen ja nur dazu das Schlachtfeld su räumen füer jenen letzten, erhabensten Kampf.Der Mensch und die bestehende Gesellschaft

[ix] R. Wagner, La Revolución, ed. cit., pág 109

[x] Sobre el contenido de esta ley eterna de la naturaleza véanse las notas 24 y 25. 

[xi] R. Wagner, La Revolución, ed. cit., pág 115

[xii] Ibíd., pág,114

[xiii] Ibíd., pág 115

[xiv] Ibíd., pág 115

[xv] Ibíd., págs 113-114. 

[xvi] J.J.Rousseau, Sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres,Alianza editorial, Madrid 1992, pág, 221

[xvii] Ibíd., pág 222

[xviii] Ibíd., pág 219

[xix] No he conseguido encontrar ninguna traducción española de de este artículo, así que tanto en este fragmento como en el que le sigue he optado porpresentarlos en su original y acompañarlos con una traducción personal.Indigno seria del hombre dotado de razón, que, al igual queel animal, abandonase la voluntad ociosa e inactiva. Sus metas, sus deberes le exigen, que lleve acabo conscientemente lo que el tiempo le exige.

[xx] El destino del hombre es alcanzar una felicidad cada vez más pura e ilustre mediante la perfección cada vez más alta de sus facultades mentales, éticas y corporales

[xxi] Esto aparece expuesto de forma clara en el siguiente fragmento: Der einzelne Mensch ist nur der Theil des Ganzen; Vereinzelt für sich ist er Nichts, nur allein als Theil des Ganzen findet er seine Bestimmung, sein Recht, sein Glück Der Mensch und die Gesellschaft

[xxii] R. Wagner, El Oro del Rin, Turner Música, Madrid 1986; pág 21

[xxiii] Ibíd., pág 37

[xxiv] Ibíd., pág 69

[xxv]Ibíd.,pág 91

[xxvi] Martin Gregor Dellin, Richard Wagner, Alianza Editorial, Madrid 1983; v.1, pág 194

[xxvii] R. Wagner, El Oro del Rin, ed. cit. pág 107

[xxviii] R. Wagner, La Revolución, ed. cit., pág 113

[xxix] Esta posiciónnaturalista que se presenta como un anticristianismo en base a su apelación a una tradición – la germánica - que ensalza unos valores opuestos a los de la tradición judeo-cristiana será expuesta de forma articulada en su obra Opera y drama dentro del marco fijado por su proyecto de la Gesammtkunstwerk

[xxx] R. Wagner, El Oro del Rin, ed. cit. pág 69-71

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