Por el Dr. Otto Strobel, Bayreuth

 

La reproducción de los diversos fragmentos de este “Libro” se publican por primera vez con la especial autorización de la señora Winifred Wagner. 
 

«Ningún hombre siente la necesidad que yo siento de hacer que los demás participen de mi riqueza». 

Richard Wagner


Richard Wagner no era una persona mezquina, ésto es fácilmente comprobable por todo el que conozca a fondo las difíciles circunstancias en que realizó su tarea dramática; la impresionante y grandiosa obra artística que nos ha legado sólo podía llevarse a cabo por un hombre cuya alma se encontrase en una constante entrega. Todo lo que de esta entrega no se plasmó en música y en la obra poética se vertió en las miles y miles de cartas que Wagner escribió y -no menos interesante- en los diarios que llevó a lo largo de casi tres décadas y media de su vida.

El más antiguo de estos diarios es la famosa “Cartera Roja”. Lo empezó en agosto de 1835 y fue regularmente mantenido hasta finales de 1868. Desgraciadamente de este diario solo se han conservado las dos primeras hojas, escritas por ambos lados con una letra pequeña y compacta. (El autor rectiflca lo dicho en la “Guía de los Festivales de Bayreuth, 1933” -pág. 39- que fue escrito antes de que se encontrasen en el archivo de Wahnfried estas páginas). Wagner refleja en estas hojas su vida hasta el 17 de septiembre de 1839, día de su primera llegada a París. De lo que sí existe una publicación, aunque no ha sido posible encontrar el original, es del precioso “Diario a partir del día de mi partida del «Asilo», 17 de agosto de 1858”, dedicado a Matilde Wesendonk. (“Richard Wagner a Matilde Wesendonk”, Edición 43, Leipzig 1913, págs. 33-69). Su primera anotación lleva la fecha de Ginebra,  21 de agosto de 1858 y la última, 12 de octubre de 1858. Se ha encontrado también el original de otro diario en el que Wagner expuso reiteradamente sus puntos de vista sobre importantes interrogantes de la situación alemana y que dedicó al Rey Luis II de Baviera. Lo empezó el día 14 de septiembre de 1865, contiene 14 apartados y el último está fechado el 11 de octubre de 1865, con una nota adjunta escrita por la señora Cosima Wagner que dice: «Fragment inachevé et non comuniqué». Estos apartados, con excepción del último, fueron entregados al Rey en unas copias escritas por Cosima, y 13 años más tarde, al ordenar sus papeles, Wagner las encontró y a petición de Hans von Wolzogen publicó ocho de ellas, las escritas entre el 18 y el 25 de septiembre de 1865, bajo el título de “¿Qué es alemán?”. (Ver también “Richard Wagner: Obras completas. Escritos y Poemas”, Edición popular, Tomo X págs. 36-53).

Antes que Wagner dedicara estos escritos al Rey ya había empezado otro diario mucho más interesante y que debido a su cubierta de piel ha recibido el nombre de “Libro marrón”. Este diario, dedicado a Cosima, hace unos años se halla en poder de la “Asociación Conmemorativa Richard Wagner” de Bayreuth, (Un duplicado se encuentra en el archivo de Wahnfried). Junto a unos poemas, ya editados, contiene una serie de pensamientos, artículos y esbozos; un valioso tesoro literario, todavía inédito, que más tarde deberá informar a la opinión pública sobre el desarrollo de las relaciones de Wagner con Cosima, así como de su posición ante Bülow y Liszt. En el “Libro marrón” hay páginas ante las cuales no es posible evitar una profunda emoción, porque en ellas queda reflejada la dura lucha que Wagner mantuvo para lograr hacer suya la amiga, la que más tarde sería su esposa.

La primera parte del libro contiene confesiones de carácter personal que Wagner escribe en el verano de 1865 durante una estancia de once días en el solitario Hochkopf, junto al Walchensee, en un pabellón de caza del Rey Luis II. Encabezando la primera cita figura: “Hochkopf, 10 de agosto, 1865”. En ella muestra un intenso dolor por la reciente muerte (el 21 de julio) de Ludwig Schnorr von Carolsfeld, su genial primer Tristán; sigue con la viva contrariedad que le causa la ausencia de Cosima que en aquellos días se encontraba en Pest con su marido para asistir a una representación de la “Santa Elisabeth” de Liszt y la tónica general del escrito es la de un profundo tedio de la vida. Así, el 12 de agosto escribe aquellas sombrías siete estrofas que más tarde serán conocidas bajo el título, “En el abismo”. El 15 de agosto lanza una llamada a Cosima: «¡Oh cielo! ¿Cuanto tiempo tendremos que vivir bajo este tormento? Pero... ¿qué digo? ¿cómo podríamos vivir sin él?». En la página siguiente nos encontramos con unas pocas, pero significativas, palabras -escritas oblicuamente de izquierda a derecha-: «¿Por qué está en blanco esta página?» y en la próxima, termina algo más tranquilo: «Voy ha coger de nuevo un libro:... Ramayana!... Adieu!». El 16 de agosto cuenta la impresión que esta apasionante epopeya india le ha causado y comenta las sugerencias, que como poeta y como músico le ha inspirado este nuevo tema: «Es una obra de arte asombrosa» y continua, «ante ella las novelas actuales me parecen artículos de periódico. Estoy en el segundo tomo: todo vive, retumba y bulle en mi entorno». Y añade: «Tengo ante mí una magnífica obra dramática, diferente a todo; pero ¿quién será capaz de construirla?» Tres días después, (el 19 de agosto) constata lleno de dolor: «La muerte de Schnorr ha representado una violenta ruptura en mi vida. ¿Por qué ha sucedido? Estoy desconcertado, mudo de asombro, no logro concentrarme, me siento vacío, insensible. Todavía no he logrado asumirlo y menos aun entenderlo; en mí se producirá, deberá producirse inevitablemente, un gran cambio; hasta este momento mis pasos se dirigían a una meta... ahora ésto ha terminado.., para mí ya nada tiene sentido».

A primeras horas de la mañana del 21 de agosto Wagner abandona las soledades de Hochkopf y regresa a Munich. Al día siguiente coge de nuevo el “Libro marrón” para dejar constancia de unas impresiones que le conmovieron profundamente: «Munich, 22 agosto: Ayer, al cruzar el Walchensee, vi desde el bote algo que me pareció muy bello. En los lugares poco profundos el fondo se veía claro y transparente, el agua era un cristal, se divisaba la arena blanca y pura, las piedras, las plantas los troncos que reposaban en el fondo... todo tan nítido. Pero se llegó a lugares más profundos: el agua se tornó oscura, desapareció la transparencia, todo era confuso; de repente el cielo, el sol, las montañas se reflejaron luminosos en el espejo del agua... ¡almas cristalinas!, ¡almas profundas! He llegado al fondo de muchas almas cristalinas, pero, en que pocas almas profundas ha permitido el mundo que me reflejase». El 26 de agosto sólo escribe: «¡Qué maravilla! ¡El Rey reclama ansioso oír algo de “Parsifal”!». Al día siguiente empieza ya con el primer bosquejo de su drama sobre la búsqueda del Gral; el 30 de agosto lo terminay exclama: «¡¡Bien, me ha sido concedida una gracia dentro de mi dolor!!». En este primer esbozo Wagner no había logrado introducir la sagrada Lanza en el contexto del drama de una manera satisfactoria para él, por lo cual durante algún tiempo intentó solucionar el problema que se le planteaba. Así leemos el 2 de septiembre de 1865: «¿Qué debo hacer con la ensangrentada Lanza?... El poema dice: La Lanza aparece al mismo tiempo que el Gral; de su punta cuelga una gota de sangre. La herida de Amfortas ha sido hecha por esta lanza, ¿cómo pueden relacionarse estas dos cosas? Aquí me encuentro perdido. La Lanza, igual que el Cáliz es una reliquia; en éste se conserva la sangre que la punta de la Lanza hizo brotar del costado del Salvador. Ambos se complementan... O bien...

«La Lanza se entregó a los caballeros al mismo tiempo que el Gral. Ante un gran infortunio el custodio del Gral la llevó consigo a la lucha. Para romper el maligno embrujo de Klingsor y vencer al mortal enemigo,Amfortas la sacó del altar. Al sucumbir a la seducción dejó caer el escudo y la Lanza, perdiendo así la sagrada arma con la que fue herido al huir. (Posiblemente Klingsor quería tener vivo a Amfortas en su poder, así utilizó la Lanza para herirlo ya que sabía que dicha arma era capaz de herir pero no de matar. ¿Por qué?) Amfortas sólo podrá ser curado y perdonado cuando la lanza sea sustraída de las manos sacrílegas y devuelta al Gral.

«O así...

«Cuando el Gral fue entregado a los Caballeros se les ofreció también la Lanza, pero siempre que la ganasen a través de una dura lucha. Una vez la Lanza se encontrase en poder del Gral los Caballeros serían invulnerables para siempre. Gracias a sus artes de hechicería, Klingsor el pecador, logra ser el primero en apoderarse de ella; mancillando lo más sagrado la retiene alejada de la comunidad del Gral para evitar que sea invulnerable. Amfortas intenta recuperarla pero cae en la seducción y Klingsor la utiliza para causarle una herida. Lo que viene a continuación es poco más o menos lo mismo. Klingsor arroja la Lanza contra Parsifalpero éste la detiene con la mano, la reconoce y cree en su poder y en su trascendencia...»

Cuando en 1877 Wagner emprende definitivamente la composición del poema, escoge la primera versión.

Pocos días antes de empezar el esbozo destinado al Rey Luis II, el maestro escribe en el “Libro marrón” unos comentarios que demuestran lo mucho que en aquellos momentos le preocupaba el “interrogante alemán”. Con fecha del 11 de septiembre de 1865 dice: «El “Illustrierte Zeitung” publicó un reportaje sobre el aniversario de la Asociación de Estudiantes de Jena ilustrada con varios dibujos. Entre los tres decanos fundadores, todavía vivos, puede verse al Pastor Riemann que posee una cabeza sumamente interesante. Me gustaría conocer a este hombre. La fiesta, los trajes de época, muchísimas cosas... me han conmovido... profundamente... sí, profundamente. Un suave llanto acudió a mis ojos... ¡Cielos! Sentí crecer en mí algo así.., como una cierta esperanza. ¿Será posible? ¿Se podrá hacer todavía algo positivo con el pueblo alemán? ¿Existe todavía el germen primigenio? Mi corazón me dice lo bello y lo noble que podría brotar de todo ésto si se escogiera el camino correcto. Vean la cabeza de Riemann. Aquí está el alemán ideal. ¡Realmente fantástico! Nada expresa debilidad, no aparece ningún rasgo húngaro, polaco o francés, cierta gravedad, quizás también severidad: ¡pero esta cabal firmeza! ¡Esta mirada de gran pureza, franca, maravillosamente confiada, ilusionada! ¡Esta Asociación de Estudiantes! ¿Hay algo más hermoso? ¿Hay algo comparable en el mundo? ¡Es absolutamente único! Se puede opinar que casi rozan lo grotesco, pero allí se encuentran hombres serenos, posiblemente burgueses, que creen en ello. No debemos burlarnos. Cuando en 1793 el pueblo francés, arrastrado por su entusiasmo, deja que lo recluten y lo lleven a las campañas más allá de sus fronteras, tiene tras él unos hogares sumidos en la miseria y en el terror del patíbulo. Al francés, sediento de sangre, tras salvar la patria, le queda la “agité de coeur”, el soldado se fabrica un Emperador soldado y se jacta de ello por todo el mundo. En 1813, en Alemania, las cosas fueron diferentes: los niños de 14 años y los hombres de 60 se encontraban también en campaña. Sentían un impulso interior casi sagrado, cantaban canciones que tenían un aire grave. ¡Existía una esperanza! Tenían el deber de crear una nueva Alemania. Tras la victoria vieron lo que debía hacerse. Entonces fue cuando les llegó el turno a las Asociaciones de Estudiantes. Entonces se fundaron estas asociaciones. Algo fantástico, pero difícil de entender. Yo lo entendí, pero ahora a mí nadie me entiende: yo soy alemán, soy el espíritu alemán. Comparad, la incuestionable fascinación que emana de mis obras, con todo lo demás. Por ahora sólo puedo deciros... esto es alemán. Pero, ¿qué es ser alemán? Debería ser algo maravilloso, algo muy hermoso. ¡Oh, cielo! ¡Si el alemán lograse tener una patria! ¡Si me fuese dado poder encontrarme con mi pueblo! ¿No sería un pueblo magnífico? ¡Quiero pertenecer a él!...»

Estas frases, verdadera joya de la prosa alemana, se abren ante el interrogante del futuro destino de Alemania.

Los escritos de Wagner nos conducen, más o menos detalladamente, a través de los años 1866 y 67, hasta el 17 de febrero de 1868, primer aniversario de Eva Wagner. Cuando Eva nació en Triebchen, durante el parto, para confortar a Cosima el maestro, en la habitación contigua, interpretó al piano, dulce y suavemente, la canción de Walther de “Los Maestros Cantores”. (Malwida von Meysenbug: “Al principio fue el amor”, cartas a su hija adoptiva. Munich, pág. 72) Un año después, el día del aniversario, mandó a la madre ausente una misiva íntima y evocadora que se halla también escrita en el “Libro marrón”: 
¡1868! 
«17 febrero 
«Telegrama: 
«Lo que la sapiente me alumbró 
fue más que un sueño matutino: 
me mostró el camino de la vida 
del Parnaso al Paraíso».

Inmediatamente después siguen unos asientos que Wagner había tratado ya en otro lugar: del año 1846 al 1867. (“Guía del Festival de Bayreuth”, 1933, págs. 36-37). A finales de 1868 Wagner repitió estas páginas atrasadas. Con fecha del 7 de mayo de 1868 hay una anotación algo peculiar. Se trata de un tema musical sobre “Romeo y Julieta”, escrito en un melancólico La menor, del cual existe un primer esbozo fechado el 21 de abril que se conserva en el archivo de Wahnfried. Este tema, desconocido hasta hoy para el público, debía incluirse en una Sinfonía Fúnebre dedicada a los caídos en la guerra franco-prusiana que finalmente no se realizó.

El 19 y el 20 de agosto el maestro trasladó al “Libro marrón” unas ideas para un drama sobre Lutero y algo más de una semana después realiza el esbozo de un “Juguete Cómico en un acto”, en cuyo final podemos leer la siguiente indicación: «Contra el mal humor, 1 de septiembre». El 31 de diciembre de 1868 escribe la delicada e ingenua cancioncita infantil: “Duerme niñito, duerme”, melodía que fue felizmente incluida en el “Idilio de Siegfried”.

Del año 1874 hasta el 1879 no escribió nada en el “Libro marrón”. Justo en agosto de 1880, cuando Wagner vivía en la Villa d' Angri situada sobre el golfo de Nápoles, volvió a utilizarlo hasta la primavera de 1882 -aunque con largas y frecuentes interrupciones- escribiendo en él varias ideas sobre la “Superpoblación en el mundo”, “La Posesión”, “La excepcionalidad del genio en el mundo” y otros problemas que la humanidad se plantea. La última anotación lleva la fecha: “Acireal, 1882”, y el título es: “Sobre lo masculino y lo femenino en la cultura y en el arte”. Así podemos ver que precisamente estaba trabajando en el mismo tema que justo un año después continuaría tratando cuando la muerte lo sorprendió en el Palacio Vendramín de Venecia. (Ver “Guía del Festival de Bayreuth”, 1933, pág. 89).

(Artículo extraído de la “Guía de los Festivales de Bayreuth” de 1934)