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Wagner, Cosima (1837-1930)

Plan para los Festivales (1884-1889)

 

Das zweite Leben. Briefe und Aufzeichnungen (1883-1930). R. Piper & Co. Verlag, München 1980.
 
Plan para los Festivales (1884-1889)
 
Por Cosima Wagner

 

Otoño de 1883 (?)

 

1884. Parsifal.

 

1885. Parsifal: maestro de capilla Levi; Tristán e Isolda: Hans von Bülow.

 

1886. Parsifal: maestro de capilla Levi; Tristán e Isolda y El holandés errante: Hans von Bülow.

 

1887. Parsifal: maestro de capilla Levi; Tristán e Isolda, El holandés errante y Lohengrin: Hans von Bülow.

 

1888. Parsifal: maestro de capilla Levi; Tristán e Isolda, El holandés errante, Tannhäuser y Lohengrin: Hans von Bülow.

 

1889. Parsifal: maestro de capilla Levi; El holandés errante, Tannhäuser, Lohengrin y Los maestros cantores: Hans von Bülow; El anillo del nibelungo: Hans Richter.

 

 

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Siegfried Wagner en los «Diarios» de Cosima Wagner

Recopilado y traducido por Javier Nicolás. "El tilo sagrado", nº1-3. 1983, 1986 y 1997
Siegfried Wagner en los «Diarios» de Cosima Wagner

 

Domingo 6 de junio de 1869 
    Hacia la una, voy a ver a Richard para anunciarle lo que pasa, y tomar decisiones inmediatas. Quiero evitar llamar la atención y no cambiar nada en el desarrollo previsto para la jornada de mañana, y desayunar con Nietzsche y los niños. Richard me echa su ropa de cama sobre los hombros y me acompaña a mi cama. Las contracciones se multiplican: a las dos, hago despertar a Vreneli y envío a buscar a la comadrona. Preparativos necesarios para recibir en la habitación contigua al que esperamos. El acontecimiento no parece tan cercano. Temo la debilidad que tuve con el retraso del nacimiento de Eva. Richard, muy solícito, está a mi cabecera. A las tres llega la comadrona y espera en la habitación de al lado, pues no quiero hablar con nadie. Richard vuelve a bajar, pues quiere tener fuerzas para el día siguiente; se acuesta, pero, atormentado por su inquietud se vuelve a vestir y sube de nuevo; se precipita en mi habitación y me encuentra ya en manos de la comadrona, en los dolores más violentos. Viéndole delante mío y tomándole por un fantasma, he tenido miedo; me he girado con horror y le he hecho salir de la habitación. Hasta que no me ha oído de nuevo gemir no ha entrado de nuevo corriendo, ya que la comadrona me había dejado por un instante. Me aferré a su brazo y me sacudió convulsivamente haciendo señas de que no hablara. La comadrona volvió y Richard se retiró de nuevo a la pieza contigua desde donde oyó todo el drama y escuchó los gemidos de dolor. Cuando él oyó que subía Vreneli y que respondió a varias preguntas de la comadrona, ella gritó consternada: “¡Ah, Dios mío!“. Richard creyó que me había pasado algo horrible y se precipitó en la escalera para preguntar a Vreneli que, además iba corriendo, qué es lo que había pasado, y fue cuando le contestó, muy alegre: “ ¡Es un muchacho!”. Richard volvió al salón, y se puso a escuchar los potentes gritos del pequeño niño, mientras yo permanecía desvanecida. Richard estaba delante de él, orgulloso.

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