Hablando con el crítico judío residente en Viena Marcel Prawy, conocido wagneriano, sobre su opinión con respecto a las óperas nuevas, me respondió que la ópera era un género muerto y consecuentemente todo intento de continuarlo resultaba anecdótico. En aquella ocasión -hace ya seis años- no hablamos del tema de los decorados pues no gozaban de tanta fama como ahora, pero creo que el razonamiento debe ser consecuente. La ópera, como la tragedia griega o el teatro clásico son géneros muertos, y debe ser primordial objetivo respetarlas tal como fueron concebidas. Incluso cuando se llega a este respecto a los extremos, los resultados son sugestivos, como en “Una Cosa Rara” que fue interpretada en el Liceo por orquesta con instrumentos originales. No vamos a pretender que se utilice siempre una trompa natural una vez inventada la moderna, como no pretendemos que se use luz de gas en vez de luz eléctrica, pero sí queremos que un árbol sea un árbol y que se respete la época elegida por el autor. Es curioso constatar que mientras los críticos de ópera son permisivos sobre las modificaciones de obras originales, los críticos cinematográficos han arremetido contra el coloreado de películas o sobre la emisiones televisivas en formatos recortados, llegando al máximo extremo en cuanto al respeto de la obra original.

En definitiva nosotros no pretendemos, de ninguna manera, intentar suprimir las decoraciones tipo Kupfer de los escenarios. Evidentemente se trata de un fraude mantenido por los muchos beneficios económicos que reporta, pero resultaría imposible querer mantener al margen al Liceo de unas decoraciones que ahora están de moda. Lo que nosotros pretendemos es que el Liceo no se olvide de las otras.

Con motivo de la representación de Los Maestros Cantores con decorados de Mestres Cabanes, pudimos comprobar que había unanimidad de público, interpretes y crítica al enjuiciarlos, pero sabemos, o por lo menos intuimos, que no volverán a reponerse. En el MET triunfa Schneider Siemssen con decorados honestos, multitud de producciones de teatros secundarios son dignas, decorados de la escuela de escenografía catalana tradicional reposan almacenados y quizas deteriorándose... ¿Por qué no buscar un equilibrio entre ambos tipos de decoraciones? ¿Por qué no pedir la opinión del público y ofrecer producciones modernas o wagnerianas de acuerdo con los porcentajes resultantes de una encuesta? Lo que no resulta tolerable es que a un Tannhäuser estrafalario le siga uno esperpéntico. ¿Cuando tendremos derecho los wagnerianos a ver un Tannhäuser digno?

Respetamos, como queda dicho, la pluralidad de opiniones, pero estamos en contra de la hegemonía de una sobre las otras. Pero además, hay otro aspecto fundamental que debemos tener en cuenta. Cuando el dinero público, las subvenciones, hacen su aparición en un determinado ámbito de la vida, todo queda alterado en ese sector. Ahí tenemos el mundo del cine. El público prefiere las películas americanas, pero los paternalistas políticos creen que no está bien y subvencionan las españolas, determinan cuotas de pantalla que obligan a las televisiones a programar grandes porcentajes de películas europeas y pese a ello entre las 10 películas más taquilleras del año hay 9 americanas y 1 europea (española). Parece como si la opinión del público no interesara. El historiador de arte judío Ephraim Kishon declaró recientemente en la televisión austríaca: “Sobre todo se hacen encuestas. Pero sobre el arte moderno no se hacen nunca pues ya conocen la respuesta: 99 por ciento: “Me asquea, feísimo” y así, y por tanto no preguntan”.Ahora en la ópera estamos próximos a lo mismo. Desde que el Liceo está en manos públicas, -quién paga manda, 
la mano que recibe está debajo de la que da-, se actua sin tener en cuenta los deseos del público, y cuando éste en sectores minoritarios decide abuchear en vez de aplaudir, es criticado. Quizás tengan que poner un letrero visible donde se diga: “En el Liceo sólo está permitido aplaudir”. Un Teatro que se ha jactado de silvar en el pasado a cantantes mundialmente consagrados, ahora se avergüenza de hacerlo. Pero hay que tener presente que un teatro que tiene una subvención multimillonaria y cuyas entradas son carísimas, no puede permitirse el lujo de ofrecer versiones mediocres. Si nosotros nos compramos un Ferrari protestaremos airadamente a la menor imperfeción y ese es el mismo caso de la ópera actual. Si se pretende ensayar decoraciones o cantantes que se haga en la ópera de Sabadell, y allí aplaudiremos al menor detalle, pues reconoceremos el entusiasmo y la buena voluntad, pero cuando cifras millonarias acompañan al espectáculo de la ópera hemos de exigir perfección, y si no saben hacerlo, ya vendrán otros que con ese dinero lo harán mejor. Hacer buena ópera disponiendo de mucho dinero, es cosa fácil. El problema existía antes cuando se lograban representaciones decorosas con escaso presupuesto. Naturalmente nos oponemos a aquellos que puedan protestar en el Liceo por razones ajenas a la ópera en sí, como se viene asegurando desde la dirección liceísta en los últimos tiempos, pero es justa la indignación del público cuando es esgañado, o simplemente defraudado, la comprendemos.

Defendemos el derecho del público a no ser engañado, defendemos el derecho del público a decidir, defendemos la pluralidad y respetamos las opiniones de los demás, a condición de que los demás respeten la nuestra.

Estas páginas estan abiertas a todos los Wagnerianos. No pretendemos imponer una opinión. Incluso una defensa de los decorados de Kupfer la admitiríamos si proviniese de un wagneriano, de un wagneriano que acreditase su condición de tal con hechos y no con palabras. Admitimos que haya gente que defiende a Kupfer. Nosotros defendemos a Wagner, y pedimos para él respeto y comprensión. Si alguien cree de verdad que las opiniones de Kupfer son más válidas que las de Wagner, nos parece muy bien que le defiendan. Pero éste no es nuestro caso.

Lamentamos que nuestra revista no pueda ser editada con la perfección de otras como Scherzo, Ritmo, Monsalvat, Revista Musical Catalana etc. No tenemos tantos medios, pero tenemos más independencia. No dependemos de las subvenciones ni de la publicidad. Podemos decir lo que queremos. Por ello en estas páginas pueden leerse cosas que las otras revistas no pueden publicar aunque lo deseasen. Si Vd. cree en el respeto, cree que deben respetarse las obras de los demás, si no es un yuppi snob que aplaude cualquier cosa estrafalaria para quedar bien, si Vd. es independiente y es capaz de defender su opinión ante los demás aunque ello pueda hacerle parecer anticuado, la nuestra es su revista. Juntos lograremos que se respete a los muertos, que se intente plasmar en escena aquello que ellos querían, aquello que nos ha hecho a todos emocionar y ha hecho que un escalofrío recorriese nuestro cuerpo en tantas y tantas ocasiones. No abdiquemos de nuestro derecho a amar y sentir el arte. 
 

“Siempre acostumbraba hacer el vulgo necio de lo bueno y lo malo igual aprecio: 
yo le doy lo peor que es lo que alaba”. De este modo sus yerros disculpaba 
un escritor de farsas indecentes; y un taimado poeta que lo oía, le respondió en los términos siguientes: 
“Al humilde jumento 
su dueño daba paja, y le decía: 
“Toma, pues que con esto estás contento”. 
Díjolo tantas veces, que ya un día se enfadó el asno, y replicó: “Yo tomo lo que me quieras dar; pero hombre injusto, ¿piensas que sólo da la paja gusto? Dame grano y verás sí me lo como”. Sepa quien para el público trabaja, que tal vez a la plebe culpa en vano; pues si en dándole paja, come paja, siempre que le dan grano, come grano”. 
Tomás de Iriarte