Trabajo elaborado por la Deutsche Richard Wagner Gesellschaft. Bayreuth.

H. Kupfer fue uno de los directores estrella de la desaparecida República Democrática Alemana. Su filosofía del teatro se basa en la concepción marxista-leninista de la historia y de la sociedad. Veamos una de sus citas (periódico “Neues Deutschland” ,5 Abril 1980): “Solamente bajo esta dialéctica podrá la escenificacion fundamentada en nuestra cosmovisión marxista-leninista cumplir su misión ética y artística.”

Después del hundimiento del sistema marxista en el Este, Kupfer lo ve todo distinto, aunque ha sido un beneficiario de ese sistema (citado del “Bonner General-Anzeiger, 20 diciembre 1989):“Ese sistema es para mi el mas pérfido y perfecto sistema de explotación y opresión que jamás haya tenido el mundo...”

Kupfer practicaba (y practica todavía) un estilo de dirección en el sentido del llamado “realismo socialista” al que también se le puede definir como el de “lucha de clases por medio del teatro”. El realismo socialista como derivado ideológico del marxismo-leninismo se dirige contra los conceptos de sociedad de valores admitidos en Occidente. Se presenta como anticapitalista, antiimperialista, antiburgués, anticlerical, antifascista; sea ello lo que fuere. 
A partir de la denominada revolución del 68 (revuelta estudiantil) la escena cultural de la Rep.Fed.Alemana, y con ello también el teatro, está siempre más profundamente sometida a una politización ideológica izquierdista. Aparece el llamado “Regietheater” (Teatro de autor) en el que ya no tiene validez lo que los autores dijeron en sus obras, sino aquello que los directores izquierdistas hacen de ello con el fin de transformar la conciencia de la sociedad en el sentido del modelo marxista de la sociedad y la historia. La labor de estos directores (alemanes occidentales) tiene por lo visto las mismas metas que la de sus colegas orientales alemanes. Ello ha conducido que hoy, entre nosotros, las grandes obras de la literatura escénica no se puedan contemplar casi nunca en su forma original.

También las obras de Richard Wagner se encuentran fuertemente sometidas a esta tendencia. Los Festivales de Bayreuth al menos desde 1972 (Tannhäuser de Götz Friedrich, ex-director de la República Democrática Alemana y decidido marxista) están bajo la férula de la izquierda y hoy, firmemente en manos comunistas. Después de decenios de difamación por parte de los intelectuales marxistas y liberales de izquierda ( Adorno, Bloch, Marcuse, Gregor-Dellin, Meyer,...).

Wagner aparece como protagonista de un concepto burgués y reaccionario de la sociedad, precursor ideológico de la dictadura de Hitler y del antisemitismo. Por medio de tales proposiciones Wagner y sus obras fueron utilizadas abusivamente como un instrumento de la lucha de clases. La conversión escénica para alcanzar tales fines se sirve de medios como los siguientes: translacion de las obras a los siglos XIX y XX (razón: época de la revolución industrial; III Reich); ironizar, parodiarlas, despreciar a los héroes positivos y sobrevalorar a los negativos; alterar el mensaje de la obra y trastocarlo en su contrario; modificar la estructura dramatúrgica, etc. Para justificarlo se emplea el pretexto de querer realizar un teatro “crítico” o “emancipatorio”, un teatro que libera finalmente a las obras de su lastre del pasado, de su “caracter museístico” y con ello hacerlo comprensible para el público de hoy. No les interesa a estos hacedores de teatro si con este procedimiento dañan el sentido profundo de las piezas, o se convierten en impresentables, o quizás es precisamente lo previsto.

Esta manera de efectuar representaciones teatrales ha tenido una excelente acogida sobre todo por el hecho de que la mayoría de los medios de comunicación formadores de opinión (radio, televisión, prensa) están orientados a la izquierda. Esta situación conduce también a que los directores procedentes de la República Democrática Alemana como marxistas gocen aquí de una gran admiración (véase Kupfer, Friedrich, Berghaus, y otros). Esto no ha cambiado después del desmoronamiento de la República Democrática Alemana. Así, por ejemplo, el escritor antiguo germano-oriental Heiner Müller, que acostumbraba antes a expresarse muy despectivamente sobre nuestro orden social (y que todavía lo hace) ha sido invitado a Bayreuth a fin de escenificar el “Tristán”.

Se puede establecer como indudable que la marcha de la cultura en la República Feceral Alemana y por extensión en Occidente, cuenta con muchos huecos en los que altos funcionarios marxistas de la cultura pueden seguir tranquilamente trabajando. Son encubiertos por sus compañeros de ideología incrustados en los medios de comunicación de la Alemania Occidental. Y el público permanece mudo al respecto. 
 


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