Weimar, 9 de octubre de 1889:

¡Apreciada Señora! 
Probablemente estará sorprendida por no haber recibido noticias mías durante tanto tiempo. No he querido molestarla, apreciada Sra., con asuntos de escaso interés, así he aplazado mis cartas hasta poder informarla sobre mi primer “Lohengrin”, que sintiéndolo mucho se retrasó del 20 de septiembre al 6 de octubre. Finalmente, tras una increíble serie de ensayos, por lo que aquí se acostumbra, tuvo lugar la representación el pasado domingo. Dos ensayos de orquesta de cinco horas cada uno, un ensayo de escena y una serie de pruebas, asimismo en escena, de los solistas y el coro, acompañados con piano, hacían prever un gran éxito, pero la representación sólo me satisfizo en parte. La orquesta, reforzada con excelentes músicos, mostró grandes progresos en los pianos y pianissimos alcanzando delicados matices, su interpretación de los Preludios del primer y tercer actos fue muy buena, con el tempo lento que a usted le gusta, lo cual les infundió una gran belleza.

Con gran satisfacción por mi parte logré imponer, sin mayores problemas, los tempi propios de Bayreuth, creo que usted, apreciada Sra., habría estado contenta con ellos. En los intensos ensayos se dieron a los cantantes las normas necesarias para obtener el nuevo estilo y me sorprendió la buena voluntad que la gente mostró para seguir mis instrucciones. Pero por desgracia pude comprobar que en la representación no las siguieron totalmente, ni por parte de Lohengrin (mi alumno Zeller), ni por Telramund (el Sr. Schwarz), ni por Ortrude (la Srta. Tibelti, una principiante de bella figura y bella voz, con la que estudié su parte durante tres semanas). Con gran espanto mío, el Rey y Elsa cayeron de nuevo en la costumbre 
adquirida a lo largo de 20 años, la de cantar imitando el trote de un caballo; creo que me será muy difícil librarlos de este defecto. Elsa, (la Srta. Naumann-Gungl) alternó, gracias a Dios, con la Srta. Denis que sólo había cantado el papel dos veces. Quiero trabajar intensamente con ella para conseguir que adquiera el estilo alemán propio de nuestras interpretaciones. 
Excepto un pequeño corte en el coro: “Es el enviado de Dios” y en el conjunto en do sostenido del último acto, que más adelante quiero recuperar, di el “Lohengrin” completo. Los cuatro Nobles fueron flojos, en las próximas representaciones los cambiaré, y según sus deseos los daré a unos buenos intérpretes. Esta vez no me ha sido posible hacerlo. 
El punto más débil de la representación fue la dirección escénica. Para ésto sólo tuve unos rápidos ensayos, justo para precisar lo más indispensable: que Ortruda permaneciese sentada durante la escena con Telramundo, que Lohengrin, después de cantar ,“Elsa te quiero”, no realizase un amplio paseo sino que se dirigiese directamente al Rey, o que al final entrase a tiempo en el bote, etc, etc. 
Pero sucedió que poco antes de la noche de la representación apareció un regidor totalmente incapaz, un viejo bajo, un caballo de coche de punto operístico que se encargó de organizar un absoluto desbarajuste escénico con gran numero de tics teatrales como “cantar de cara al público”, etc. Nada funcionó, hubo tantas irregularidades, tanto desprecio a las indicaciones del Maestro, que al terminar la representación me dirigí inmediatamente al Sr. von Bronsart y le dije: 
«En los próximos ensayos se debe rehacer “Lohengrin” desde el principio». El Sr. von Bronsart aceptó en seguida la remodelación, por lo que ayer mismo escribí a Mottl para pedirle su informe sobre la dirección escénica de “Lohengrin”, que en Bayreuth ya me había ofrecido. Podéis estar segura, apreciada señora, que pondré todo mi empeño y toda mi energía en conseguir unas correctas interpretaciones de tan magistrales obras y así poder agradecerle, en una pequeña parte, la enorme deuda que tengo con usted, apreciada señora, por toda la magnificencia, belleza y grandeza que he gozado y aprendido en Bayreuth. Por el momento sólo puedo expresarlo con estas cálidas palabras, pero mi firme resolución, mi sincero y leal propósito es recompensar lo vivido en Bayreuth con hechos.

Por el momento me han confiado la dirección de “Tannhäuser” y “Lohengrin”, dedicaré a estas dos obras todos mis esfuerzos. Además el Dr. Lassen me ha cedido también todas las obras de Mozart, Weber y Gluck. Espero que con el tiempo, a pesar de los pocos recursos con que contamos, podré realizar un trabajo positivo; asimismo tengo la satisfacción de haber encontrado en el Sr. von Bronsart un Intendente que tiene gran interés por el auténtico arte. 
¡Apreciada señora! ¿Puedo atreverme a visitarla en Bayreuth, dentro de poco, cuando mis ocupaciones me lo permitan? ¿Sería pedirle demasiado si le rogase que me dedicase un par de agradables e instructivas horas para tratar sobre “Tannhäuser”, tal como hicimos en su momento con “Lohengrin”? 
El 22 de octubre se dará aquí la “Santa Elisabeth” en versión escénica, dirigida por Lassen. De los conciertos actuales se me han confiado cuatro, tengo previsto interpretar en ellos la Obertura de “Faust”, el “Idilio de Sigfrido”, la “Ideale” y si es posible también una de las Sinfonías en tres tiempos del Maestro Liszt. Si estas audiciones se ponen en marcha y si a pesar de sus defectos logran ser dignas de su amable atención me tomaré la libertad, apreciada señora, de mandarle información sobre ellas. Quizás algún día me haréis el honor de aceptar mi ferviente invitación. 
Entretanto, le ruego encarecidamente, apreciada señora, quiera presentar mis respetos a sus queridos hijos, al Sr. Siegfried y al Dr. Thode. 
Con cordiales saludos permanezco, vuestro leal, efusivo y agradecido admirador,

Richard Strauss 
  
 

Wahnfried, 12 de octubre de 1889:

¡Muchas gracias por sus informes, querido amigo! Me lo ha descrito todo con tal precisión y viveza que para mi ha sido como si hubiese asistido personalmente a su “Lohengrin”. Es muy alentador ver como lo toma todo con tanto empeño, precisamente ahora cuando nuestros teatros son la vergüenza de nuestro arte; es emocionante y loable comprobar que en las pequeñas escenas se intenta conservar escrupulosamente el espíritu que nos ha hecho grandes a nosotros los alemanes. 
Después de haber visto en Munich un “Ocaso de los Dioses” que realmente me sublevó asistí en Karlsruhe a un “Siegfried”, que a pesar de algunas deficiencias escénicas, me consoló. En él se encontraba el espíritu del cual usted da tan buen testimonio en su carta. En Munich todo estaba bien “fijado”, desde “El Holandés Errante” a los cisnes y dragones, estaban asentados y autoconvencidos, afianzados y equivocados, aunque no el último Fafner que vi. 
Vendría muy gustosa a Weimar, siempre que lograse hacerlo compatible con mi itinerario. ¿Podría decirme con un poco de tiempo cual seria el mejor momento para mi venida? 
La grata relación con el Sr. von Bronsart me confirma lo que pensaba de él; me llegaron extraños rumores que nunca creí del todo, pero que por un momento me hicieron temer que también él había sucumbido a las frivolidades tan corrientes en el mundo de hoy, hasta en los hombres más bien dispuestos. Mucho mejor que sea así.

En cuanto al “Lohengrin” de Karlsruhe hice sólo unas leves sugerencias; el decorado del segundo acto era tan negativo que hacía imposible una puesta en escena aceptable. 
Querido amigo, le ruego ponga también mucho interés en que el texto se entienda, cosa que es defectuosa en todas partes. Por ejemplo en Munich, además de no oírse prácticamente ni una nota, no se entendía ni una sílaba. (De todas maneras quiero dejar constancia que Fischer hizo su cometido con corrección.) 
Querido Strauss, me alegraría mucho su visita, si le apeteciese podríamos hablar sobre muchos asuntos. Claro que debido a su “Tannhäuser” probablemente tendremos que aplazar este interesante encuentro, por el momento deberá confiar en su certero instinto. Yo tengo también muchos problemas, pero a pesar de intensas dudas quiero establecer aquí (Dios quiera que lo logre) un modelo que sirva para todo el mundo. 
¡Hasta la vista, querido amigo, tanto si es en Bayreuth como en Weimar! Me alegra mucho que le hayan confiado las obras de Mozart y Weber, me gustaría escucharlas bajo su batuta. 
La “Gwendoline” de Chabrier que vi en Karlsruhe creo pertenece al tipo de malas obras en las que sin embargo es posible entrever algo de talento, podríamos decir que se trata de “una chica para todo” y así evitaríamos la pomposa calificación de ecléctica.; recuerda a Gounod y a Meyerbeer, pero la composición sinfónica es elegante y termina inevitablemente tristanizando. Estoy convencida que los futuros productos de este autor serán mucho mejores ya que infunde originalidad y hasta cierta espontaneidad en lo que toma prestado de otros. El texto es sencillamente infame y tan confuso que a su lado el tonto y desquiciado asunto de “Fra Diavolo” parece genial. 
Creo que Auber fue el último compositor francés, a pesar de saber poco sobre la noble escuela del siglo XVIII. Claro que nadie sabe algo sobre ella. 
Querido Strauss, reciba mis mejores y más cordiales saludos. Acuérdese de mí y esté seguro de mi auténtica y afectuosa simpatía,

C. Wagner 
Mis hijos ruegan le transmita sus más cordiales saludos.