El caso Wagner. Un problema para amantes de la música, de F. N.

Por Carl Spitteler

Tenemos que dar cuenta a nuestros lectores de un acontecimiento estético: uno de los protoluchadores de la causa wagneriana, el filósofo Friedrich Nietzsche, se ha pasado al campo enemigo, y no silenciosamente, sino, como no podía ser deotro modo tratándose de un portavoz tan influyente, con una exposición fundamentada en forma de protesta. Que con tal oportunidad vuelve a poñerse a disposición nuestra un rico veneno de reflexiones profundas, es. cosa que va de suyo; lo que en este sentido ofrece el breve folleto de 57 páginas supera, de todos modos, las más altas expectativas. Que nadie busque en él divagación del pensamiento, ni demora en detalles; todo es fundamental y demoledor, acerado y curativo. El caso Wagner cuenta entre los escritos más sencillos y mejores de Nietzsche. Se objetará, sin duda, al libro que va, en la medida en que caracteriza a Wagner como un fenómeno enfermizo, en una palabra, como un mal, demasiado lejos. Por nuestra parte, sin embargo, nos alegramos de que la convicción que aquí se expresa tome cuerpo en toda su radicalidad y plenitud, sin reservas ni claúsulas de prudencia. ¿A quién podría interesar un Nietzsche manso y apocado? ¿Acaso no hay que cifrar su importancia y significado más genuinos precisamente en su inmenso coraje para pensar, coraje que nos parece tanto más valioso cuanto más vemos extenderse hoy en otros sitios la uniformidad del pensamiento y más esfuerzos parece estar dándose para perder toda individualidad el espíritu alemán? Si el coraje viril en los asuntos civiles y espirituales ha sido en todas las épocas un tesoro raro y valioso, hoy representa, sin duda, una realidad impagable, insustituible. Si el estado fuera algo más amplio de miras, acogería tales muestras en los museos y las custodiaría como si de algo sagrado se tratara.
En la medida en que nos proponemos informar sobre este escrito en todos sus puntos fundamentales, corremos el peligro de reproducir parcialmente el folleto, dado que no se nos puede exigir que parafraseemos y, en consecuencia, expresemos de modo más ambiguo lo que Nietzsche ha escrito con precisión magistral. Nos limitaremos, pues, a transcribir literalmente algunos pasos esenciales del escrito, imponiéndonos la restricción de no entresacar de entre la gran riqueza que se nos ofrece si no lo mejor.
***
Tesis: la música de Wagner es enfermiza
P. 13: «Wagner es el artista de la décadence, ésta es la palabra. Y aquí empieza mi seriedad. Yo estoy muy lejos de contemplar serenamente que este decadente acabe con nuestra salud, y, además, con la música. ¿Es Wagner en absoluto un hombre? ¿No es más bien una enfermedad? Enferma cuanto toca; ha hecho enfermar la música.»
«Es un décadent típico, que se siente necesario en su gusto corrompido, que pretende hacer de esto un gusto superior, que sabe valorizar su corrupción como una ley, como un progreso, como una realización.»
P. 15: «Wagner ha sido una gran calamidad para la música. Ha adivinado en ella el medio para excitar los nervios cansados, y de este modo ha hecho enfermiza la musica.»
P. 16: «El éxito de Wagner -su éxito entre las mujeres- ha hecho de todo el ambicioso mundo de los músicos otros tantos discípulos de su arte ocultista. Y no sólo los ambiciosos, sino también los cuerdos... Hoy no se gana dinero más que con música enfermiza; nuestros grandes teatros viven de Wagner.»
Tesis: Wagner construyó un nuevo sistema musical sencillamente porque se dio cuenta de su incapacidad para componer buena música como los antiguos.
P. 16: «Amigos míos», arguye Wagner en una conversación fingida con los jóvenes artistas, «es más fácil hacer música mala que buena. ¿Cómo? ¿Cómo podría resultar todavía más provechosa? ¿Si fuera más eficaz, más persuasiva, más capaz de provocar el entusiasmo? ¿Más wagneriana? Pulchrum est paucorum hominum. Entendemos latín, entendemos acaso también nuestra ventaja. La belleza tiene su gancho, ya lo sabemos. ¿Para qué la belleza? ¿Por qué no mejor lo gigantesco? Es más fácil ser gigantesco que bello.»
«Conocemos a las masas, conocemos el teatro. Lo mejor que allí hay, jóvenes alemanes, Sigfridos cornudos, y demás wagnerianos, tiene necesidad de lo sublime, de lo profundo, de lo violento. Hasta tanto llegan nuestras posibilidades. Y lo otro, lo demás que aún encontramos ahí, los cretinos cultos, los pequeños hastiados, los eternos-femeninos, los que digieren fácilmente, en una palabra, el pueblo, todo eso precisa también de lo sublime, de lo sobrecogedor. Todo esto tiene una única lógica. “El que nos derriba y sugestiona, es fuerte.” Decidámonos, señores músicos, a derribarlos y hacerlos caer bajo nuestra capacidad de sugestión. Hasta ahí podemos llegar.»
P. 18 (en el mismo diálogo): «Pero lo que derriba y somete es, sobre todo la pasión. Pongámonos, pues, de acuerdo sobre la pasión. ¡Nada más barato que la pasión! Es posible prescindir de las virtudes todas del contrapunto, cabe incluso no haber aprendido nada, pero siempre puede encenderse la pasión. La belleza es difícil: ¡guardémonos de la belleza! ¡Y no digamos ya de la melodía! ¡Calumniémos, amigos míos, calumniémos la melodía! Si vuelve el gusto por las bellas melodías, ¡estamos perdidos, amigos!»
Tesis: Wagner está muy lejos de ser un genio musical; no es ni siquiera un músico.
P. 25: «¿Ha sido Wagner en absoluto un músico? Ha sido, en cualquier caso y sobre todo, otra cosa: un histrión incomparable.» «Su verdadero puesto no está precisamente en la historia de la música: no debe ser confundido con sus genios grandes y puros. Wagner y Beethoven: es una blasfemia. Blasfemia (contra Beethoven) e injusticia en lo que toca a Wagner. Porque Wagner fue un actor genial.»
P. 26: «La música de Wagner, si no está bajo la protección del gusto teatral, esto es, de un gusto muy tolerante, es simplemente mala música, quizá la peor música que se ha compuesto. Cuando un músico no sabe contrar hasta tres, se hace “dramático”, se hace “wagneriano”».
P. 33: «“No sólo música”, así no habla ningún músico. “La música nunca es otra cosa que un medio.” Esta ha sido la teoría de Wagner, porque en realidad ha sido la única práctica que le ha resultado posible. Pero ningún músico piensa así.»
Tesis: Wagner ha sido un actor genial, pero en el sentido inferior del término: un Cagliostro. No ha sido un autor dramático.
P. 30: «Wagner no ha sido un autor dramático, no dejemos que prevalezca esa idea. Amaba la palabra “drama”, eso es todo -siempre amó las bellas palabras... No era bastante psicólogo para el drama.»
P. 57: «Wagner, el Cagliostro de la modernidad».
P. 55: Los santos de Bayreuth: «Bufones».
Tesis: Por eso fanatiza también a los actores que hay entre los músicos: los «declamadores».
P. 37: «Wagner marcha con tambores y pífanos a la cabeza de todos los artistas de la declamación, de la representación, del virtuosismo; ha convencido, ante todo y en primer lugar, a los directores de orquesta, a los maquinistas y a los cantantes de teatro. Sin olvidar a los músicos de orquesta. »
Tesis: El wagnerianismo es una forma de manifestación del idiotismo y del servilismo; en su figura más perfecta lleva a la imbecilidad.
P. 38: «La escena de Wagner no necesita de gusto, ni de voz, ni de dotes naturales; sólo tiene necesidad de una cosa: ¡de germanos! Definición del germano: obediencia y piernas largas... tiene un profundo sentido el hecho de que el advenimiento de Wagner sea contemporáneo del advenimiento del Imperio; ambos hechos prueban una sola y misma cosa: obediencia y piernas largas.»
P. 43: «¿Qué es lo que ha domado con fuerza creciente a los seguidores de Wagner? Sobre todo la adaptación del profano, del idiota artístico.»
P. 46: «El adolescente (wagneriano de pura raza) se convierte en imbécil.»
Tesis: Wagner no corrompe sólo la música, sino también el teatro, incluso las artes auxiliares, en la medida en que fomenta el predominio de lo teatral en las mismas.
Tesis final (en los postscripta): Por lo demás, si a alguien le diera por creer que los restantes músicos vivientes son mejores, se equivocaría. Sólo son, y eso es lo grave, la mitad de malos de lo que serían de ser malos del todo.
***
En la introducción Nietzsche nos narra por qué camino llegó a la definitiva certeza de la nulidad de Wagner. El lector se esforzaría en vano por adivinarlo: a través de la ópera Carmen. De todos modos, en cuestiones de fe el motivo de la conversión no hace demasiado a la cosa. Tampoco se trata de que este o aquel lector esté de acuerdo con Wagner (¡los wagnerianos es obvio que no lo están!). El hecho de que seis pensadores como Nietzsche puedan engrandecer e impulsar una nación mucho más de lo que a minadas de sabios y filósofos les es posible hacerlo en todo un siglo, es aquí lo verdaderamente decisivo.